Así sobrevive Villa de Leyva al “boom” del turismo

Hace doce años, 500 locales se unieron para adaptarse al gran flujo turístico. Después de tanto esfuerzo, la comunidad cuenta con un proyecto de turismo comunitario, una tienda fortalecida por la Asociación Nacional de las Agencias de Desarrollo Económico local– Red Adelco, el Mincomercio y la Unión Europea.

 
La gente suele pensar que son viejos. Que se llaman Agencia de Desarrollo Económico Local (ADEL) Los dinosaurios por reunir personas mayores, o que su nombre se debe a que fabrican gomitas. Por eso causan sorpresa al presentarse como una Agencia de Desarrollo Local. Compuesta en su mayoría por jóvenes, vienen de Boyacá, de la Provincia del Alto Ricaurte. Una región que hace fila en la UNESCO para obtener el título de Patrimonio Mundial. La actividad turística ha estado presente en Villa de Leyva desde 1957, haciendo que sus pobladores tuvieran que adaptarse a las complejidades que esto traía para la sostenibilidad del territorio, entonces decidieron actuar.
 
Los primeros en darse cuenta, en ese entonces, fueron los funcionarios del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Habían llegado a los municipios de Ráquira, Tinjacá, Sutamarchán, Sáchica, Villa de Leyva, Gachantivá y Santa Sofía, para estudiar las dinámicas de la población. De qué vivían, cuán vulnerables se mostraban y qué tan empoderados estaban de sus tierras.
 
 Las conclusiones fueron preocupantes. Muchos cultivos de cebolla y tomate que rodeaban las cabeceras municipales habían sido reemplazados por hosterías. Fue tanto el auge que los campesinos, ante las ofertas millonarias, vendían sus casas, se empleaban en un hotel o un restaurante y arrendaban otro lugar. Cuando decidían comprar un lote y sembrar de nuevo sus vegetales ya no podían. El costo de los predios, estimado en $400 millones, era demasiado comparado con lo que podían pagar.
 
El caso de Villa de Leyva era el más alarmante. Era tanta la gente que visitaba el municipio que hasta en temporada baja los hoteles registraban un 80% de ocupación. El agua potable disponible para los 15.000 habitantes no cubría la demanda de los turistas, los cuales han llegado a ser 40.000 durante una celebración tradicional como el Festival de Vientos y Cometas.
 
Por eso nació la propuesta de una agencia de desarrollo local en el territorio. Una iniciativa que reuniera los artesanos de la región, los locales que ofrecían planes turísticos y los campesinos con sus lácteos, sus frutas y hortalizas. De esa manera podrían beneficiarse entre ellos mismos, en una especie de red de trabajo.
 
El apoyo provino desde la Gobernación de Boyacá, las alcaldías regionales, una cooperativa financiera, la Cámara de Comercio de la jurisdicción, ONGs interesadas y la academia.  La Asociación Nacional de Agencias de Desarrollo Local de Colombia (Red Adelco) los agregó y acompañó en el proceso. Esos 20 actores, entre públicos y privados, firmaron un pacto con el que despegó la Agencia de Desarrollo Económico Local – ADEL Los Dinosaurios. Un nombre que le hace justicia a los fósiles escondidos en la provincia. Un patrimonio paleontológico atestado por amonitas, reptiles marinos que habitaron hace más de 100 millones de años y otros vestigios del Cretácico Superior.
 
Esa era la idea, precisamente, que se apropiaran del territorio y sus riquezas. Así que empezaron a trabajar con $600 millones que no duraron mucho. La gestión no fue la mejor en aquel entonces y al haber tantas las expectativas, sus miembros perdieron la fe de unirse.
 
En un último intento por salvar lo que había, la Gobernación de Boyacá como aliado estratégico que impulso este proceso y otros de la región boyacense, abrió una convocatoria para pasantías y Joana Riaño, a punto de graduarse como química de alimentos, se presentó.  Su labor al lado de Carlos Callejas, hoy Director ejecutivo de la Red Adelco, era el mismo que de otros dos practicantes de administración de empresas y el contador de la agencia: caminar. Visitar cada uno de los miembros, indagar en sus modos de vida, conocer sus familias, acompañar sus jornadas; es decir, lo que fuese necesario para recobrar la confianza.
 
Así hicieron amistad con Don Jairito, Adrianita, Martica, Trinidad, Omitar, José Ramón y sus hijos. Casi 600 personas organizadas según su vocación, que terminaron almorzando juntos los sábados y ayudándose entre ellos a sembrar matas en sus jardines. Siendo una familia, dicen.
 
En ese momento fue cuando los procesos resurgieron. Tomaron tanta fuerza que Riaño, quien había pasado a ser gestora, iba presentándose a convocatorias nacionales con dos éxitos bajo el brazo. La marca que habían hecho los campesinos llamada Frutos del desierto y el concepto de visión ancestral, que los mismos artesanos habían desarrollado. Que era vender las lanas, las maderas, las fibras naturales, vendiendo a la vez sus historias sobre el tiempo que les tomaba fabricarlas, sobre sus familias y sobre la tierra.
 
Ahí surgió la idea de “Camino Rural maravillas del Alto Ricaurte”, una tienda de comercio justo, que pusiera al servicio de los turistas un espacio físico, en donde se reconocen los productos agroindustriales y artesanales del territorio, su origen, su historia y el trabajo y dedicación de cada persona para dar a conocer lo bello de la región. Este espacio, es el único en toda la región, que reúne los sueños y esperanzas de estas comunidades, organizadas no solo para vender, sino para que quien visita la región, reconozca la tradición, la cultura y laboriosidad campesina y lo que hace una región donde la solidaridad y el desarrollo local están completamente vivos.
 
Riaño y su equipo decidieron abrirla detrás de la catedral de Villa de Leyva. Un local con estanterías para los vinos de mora, los aperitivos, las semillas nativas, los deshidratados. Para los derivados del tomate, como la pasta, que no pueden faltar. Con paredes en las que cuelgan lanas y fibras naturales. Sobre el mostrador las taguas, las cerámicas y la información sobre los cuatro planes turísticos que por ahora ofertan Los Dinosaurios.
Camino Rural es la tienda de turismo comunitario de la agencia. Red Adelco, la UE y Mincomercio los apoyan. / Cortesía Adel Los Dinosaurios
Pero faltaba algo, un tema de fortalecimiento. Aparece entonces el Programa Competitividad Estratégica Territorial (CET), como una iniciativa conjunta entre el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, la Unión Europea y la Red Adelco, que promueve la competitividad en las regiones y subregiones, basado en el potencial productivo propio, en especial de los entornos rurales, en donde participan las comunidades y empresas rurales locales. En resumen, se apoya con $317 millones una iniciativa de turismo comunitario, que encierra el posicionamiento de la marca territorial “Camino Rural maravillas del Alto Ricaurte”, mejora en la calidad de productos y servicios, adopción de criterios de sostenibilidad según la norma técnica (NTS – TS) e incremento de la capacidad empresarial de 28 unidades prestadores de servicios turísticos comunitarios.
 
¿Por qué estas tres entidades le apuestan a esta iniciativa de turismo comunitario?, porque construir desarrollo en Colombia, significa reconocer los procesos territoriales y apoyarlos, significa que la asociatividad rural, que el comercio justo y sostenible y los productos o servicios con identidad local, no son solo competitividad, sino que tejen y entretejen solidaridad y una sociedad más inclusiva, en últimas, porque con estos ejemplos se construye no solo paz, sino competitividad desde lo local.
 
Además de Los Dinosaurios, otras nueve agencias están afiliadas a la red, ubicadas en siete departamentos, y serán favorecidas con la inversión del CET. Con ellas pasa algo similar, tienen problemas, pero muchos negocios con potencial y un marcado enfoque de desarrollo territorial. Les hace falta apoyo económico y una mano en otros asuntos; de ahí que la Red a través de CET, los provea de dotaciones, los capacite, para luego acercarles clientes para negociar.
 
Ese esfuerzo, con presencia en 18 departamentos y 38 territorios, les ha dejado a todos una certeza. Que debe existir una política pública sobre desarrollo económico local en el país. Porque, al igual que en la historia de Los Dinosaurios, muchos negocios fracasan al no poder colaborar entre sí para poder competir dentro del mercado. En eso trabaja la Red en este momento junto con el Departamento de Planeación Nacional y la Universidad Externado de Colombia.
 
Así esperan que esa financiación, hecha por cooperación europea, ayude a bajar las políticas al alcance de un pequeño caficultor, un artesano o un agricultor colombiano. Como en el caso del Alto Ricaurte donde van viento en popa.
 
Abren la tienda todos los días, los de turismo tomarán clases de inglés, de lenguaje de señas para volverse más incluyentes. Los otros labran la tierra y buscan cómo más procesar sus productos frescos. El resto se sienta a tejer, a decorar sus cerámicas, a ofrecer sus productos. Riaño, quien ha estado en la agencia durante 8 años, es hoy su gerente. Como ella misma lo dice, la que navega el barco. Prefirió esas personas y sus voces que los laboratorios y los químicos. Eso la enamoró, la hizo renunciar a sus cuadrículas y a aprender a cerrar cada noche el local sabiendo que “no todo es una ruta en esto del desarrollo local y que siempre hay chance de hacer algo”.

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