Alianzas territoriales, claves para impulsar el desarrollo en las regiones

La Unión Europea, el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo y la Red Adelco sumaron esfuerzos para fomentar alianzas productivas por medio del programa Alianzas para la Competitividad Territorial. Su objetivo es promover el mejoramiento de la competitividad de actores locales que aporten al desarrollo económico de las regiones.

 

Las comunidades han sido el secreto para que el desarrollo de Colombia y la transformación de los territorios arrojen resultados positivos. Estas consecuencias han hecho que sea imprescindible hacer partícipes a las organizaciones rurales y las familias productoras. Su objetivo es fortalecer los procesos de desarrollo, tanto en las regiones como en el país. Una acción que, además, impulsa los proyectos productivos de los habitantes. (Lea: Alianzas Territoriales, indispensables para transformar el desarrollo de las subregiones).

Con el propósito de orientar de manera adecuada estos procesos y establecer redes y alianzas entre los diferentes actores, surgió el programa Alianzas para la Competitividad Territorial. En esta iniciativa participan conjuntamente la Unión Europea, el Mincit y la Red Adelco, quienes, en un trabajo articulado, buscan incentivar el desarrollo de negocios inclusivos que faciliten la articulación de pequeños productores o empresarios, principalmente rurales, a las dinámicas comerciales. Tiene una inversión total de $2.700 millones, aproximadamente, y $180 millones por cada territorio / cadena.

Para José Manuel Restrepo Abondano, ministro de Comercio, Industria y Turismo, el programa impulsa la articulación de las cadenas de valor en los territorios, generando capacidades para fortalecer los procesos de comercialización que ayuden a dinamizar las economías locales.

“Para la Unión Europea es importante apoyar este tipo de estrategias, porque fortalecen la competitividad en los territorios. Además, ayudan a que productos colombianos tengan mayor acceso a los mercados internacionales, incluido el de la UE”. Patricia Llombart, embajadora de la Unión Europea en Colombia.

Además conecta la oferta y la demanda territorial de productos y servicios, habilitando entornos viables y sostenibles para la consolidación de alianzas comerciales. Para que las familias y productores campesinos que hacen parte de este programa puedan posicionar sus productos y servicios en mercados a diferentes escalas, el programa les ha abierto las puertas de diferentes vitrinas. La última se realizó el 12 de noviembre en Bogotá. Allí pudieron presentar sus propuestas. Estas son algunas de ellas.

Hoja de bijao, un producto clave en Santander y Boyacá

 

La hoja de bijao es un material vegetal que se usa como empaque para una gran cantidad de alimentos en toda América Latina. Sus características de conservación han hecho que se convierta en el empaque de productos como tamales y bocadillos. (Puede leer: En las regiones se esconde la clave para el desarrollo económico)

En las provincias de Vélez y Ricaurte, por ejemplo, el clúster de la cadena regional de la guayaba y su agroindustria utiliza este material vegetal como empaque primario para el  bocadillo tradicional y para el bocadillo con denominación de origen. De la transformación de esta hoja viven aproximadamente 200 familias de los municipios de Vélez, Guavatá y Puente Nacional (Santander) y Moniquirá (Boyacá).

Esta región es la única zona del país en donde se transforma la hoja de bijao en empaque. En otros lugares se usa en verde. Por eso, a través de procesos innovadores, se busca utilizar los sobrantes de estas hojas para fabricar contenedores para alimentos y para cajas de embalaje, bajo un proceso de transformación. En estos departamentos la tradición ha pasado de generación en generación entre los campesinos, quienes se esfuerzan para impedir que desaparezcan los productos elaborados con esta hoja.

Turismo comunitario, la estrategia del Alto Ricaurte

El Alto Ricaurte, ubicado en el altiplano Cundiboyacense de la cordillera Oriental colombiana, esconde historias y tradiciones en cada uno de sus rincones. Es un territorio con un alto valor paleontológico, ambiental, arqueológico, cultural e incluso arquitectónico. Para evitar que con el paso de las generaciones se perdiera ese patrimonio, la comunidad decidió implementar una estrategia para valorar, rescatar, visibilizar y promover los servicios turísticos comunitarios y los productos artesanales y agroindustriales. 

Con este proyecto de desarrollo productivo (PDP), promovido por la agencia de desarrollo económico local (ADEL) Los Dinosaurios, se buscó posicionar la oferta de servicios de turismo comunitario como negocio sostenible, competitivo e incluyente. Estos emprendimientos son liderados por la comunidad local y pretenden beneficiar a los sectores de hotelería y gastronomía y a los operadores turísticos. (Le puede interesar: Un proyecto que busca reparar la economía local)

Los microempresarios que hacen parte de esta iniciativa explican que han conseguido mejorar la prestación de los servicios y dinamizar las economías locales. Además de, por medio de diferentes actividades, preservar y divulgar los saberes y recursos del territorio para el buen vivir de sus pobladores, siempre con un enfoque sostenible y sustentable.

Para innovar en el modelo de negocio individual y así generar una apuesta inclusiva y comunitaria, el programa Alianza para la Competitividad ha prestado su apoyo, con el objetivo de una justa comercialización de bienes y servicios, en la que se pueda promover una vinculación de la mayor cantidad de actores de la cadena de valor. Con el propósito de alcanzar esa meta surgió Camino Rural, con una oferta multiexperiencial.

En Camino Rural, Maravillas de Alto Ricaurte, las personas podrán realizar turismo de naturaleza y cultural mediante procesos vivenciales con las comunidades locales. Además, podrán conocer de cerca los oficios tradicionales de la región. Agricultores, artesanos y campesinos son los encargados de transmitir el patrimonio vivo que aloja este territorio.

Arauca produce el mejor cacao del país

Las calles de Arauca han sido testigo de los difíciles episodios de violencia que vivió el departamento. El territorio fue, durante más de 40 años, un campo de batalla entre la extinta guerrilla de las Farc y el Ejército de Liberación Nacional (Eln). La extorsión a la industria petrolera y las posibilidades fronterizas hacían de esta zona un lugar atractivo para los grupos armados.

A pesar del contexto de violencia, hoy se puede decir que es una región que se ha mantenido en pie a través de sus proyectos agrícolas, generando ingresos que han permitido sopesar la historia del conflicto. Uno de ellos es el cacao. 

 Desde 1995, luego de que surgiera la necesidad de avanzar en clones finos de sabor y aroma, se empezó a cosechar en sus selvas el mejor cacao. El objetivo era que los campesinos dominaran todo lo relacionado con este fruto para que empezaran a aliarse con empresas y comenzar a producir. Tras 10 años de estudio, establecieron los clones que iban a usar, buscaban que tuviera un aroma y sabor fino.

El resultado fue mejor de lo que esperaban. El cacao de Arauca fue considerado “de fino aroma”, una clasificación que le otorgó la Federación Internacional del Cacao (ICCO) para describir un producto “de exquisito aroma y sabor”, y que representa apenas el 8 % de la producción mundial. Además, fue galardonado, en 2010, por la organización internacional del Salón del Chocolate en París (Francia) como el mejor del mundo. Logro que ratificaron un año después con un sabor dulce de caramelo. (Puede leer: Así avanzan los proyectos que fortalecen el desarrollo de la economía).

Después del reconocimiento se estableció en el departamento el Modelo Araucano. Los microempresarios involucrados en el emprendimiento están convencidos de que su producto ha tenido un impacto positivo en la economía de la región ayudando a que se dinamice. Actualmente, tiene rendimientos por hectárea de 1.600 kg/ha y cuenta con una producción aproximada de 10 mil toneladas al año.

El cacao ha hecho que en Arauca se impulse una mejor reconstrucción del tejido social, convirtiendo al departamento en el segundo productor de cacao en Colombia, con cerca de 17 mil hectáreas cultivadas. Esta es una apuesta de reconstrucción de paz.

 

Categorias: Editoriales CET

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