Esperanza con sabor a miel y cacao

La producción de café, plátano, leche, carne y frutales le ha permitido al municipio de Tame superar las adversidades del conflicto. Hoy, 18 asociaciones sueñan con exportar estos productos desde Arauca.

Tame, en Arauca, era considerado el municipio más violento del país para el año 2005. Gustavo Torrijos – El Espectador

Cacao araucano para el mundo

César Alfonso Leal tuvo siempre una afición por el cacao. De pequeño, recuerda, ese era su cultivo favorito en la finca del abuelo, don Seferino Leal. Una tierra fértil en Saravena (Arauca) que daba café, leche y caña, y donde toda la familia aprendió a labrar. Desde aquel entonces, ya sabía, algún día conseguiría su propia tierra y dedicaría con esfuerzo sus días a estas semillas. 

Cumplir su sueño le tomó 14 años de trabajo en fincas de plátano y ganado. Cuando reunió el dinero suficiente, tomó maletas y corrió a cultivar su propia tierra, en la mitad de Tame durante los tiempos más crudos de violencia. Él se asentaba mientras otros huían.” Era catastrófico, salimos a correr porque mataban personas que uno ni sabia. Por lógica iban a llegar por uno, así que te mantenías con esa angustia”, recuerda Leal a sus 48 años.

Esa zozobra no impidió que Villa Jasmín, su tierra, floreciera. Una extensión de 103 hectáreas dispuestas en su mayoría a cacao. Más concentradas en la finca, un lugar que él diseñó para contemplar esos árboles de hasta ocho metros donde surge la planta.

En ese espacio, que es su favorito, se reúnen los vecinos y se cierran los tratos. Da la impresión de que la realidad es otra para Leal, su esposa, su hija adorada y otros dos hijos más pequeños. Pero el orgullo no es sólo de esta familia, sino de otros 50 productores de cacao en la región que comparten una historia similar.

Todos, asociados bajo el nombre de Coopcacao, sacan pecho como productores. Son beneficiarios de DRET, un programa de la Unión Europea con el fin de fortalecer emprendimientos rurales. Este proyecto, gestionado por la red nacional de agencias de desarrollo local (Red Adelco), les ha dado el empujón justo. Reciben monitoreos, asistencia técnica, capacitaciones, lecciones de manejo para cosechar y recursos económicos.

El objetivo que tienen es dar un paso más: exportar. De hecho, Leal y sus colegas esperan que el próximo año la cosecha sean tres toneladas empacadas con rumbo al exterior. Porque, en sus palabras, “el cacao araucano está siendo pedido en los mercados internacionales”. Ni siquiera le importa cuáles extranjeros prueben primero sus productos, lo importante ahora es arrancar, dice este hombre, “arrancar ojalá donde mejor paguen”.

Abejas: del peligro a la vocación

Para Stella Sucre, sus abejas fueron la manera de salvarse. Con ellas se hizo más fuerte, al igual que los 70 apicultores de Tame, Arauca, porque no tuvieron otra opción ante la violencia, “hace nueve años no teníamos para dónde coger ni con qué irnos”. Así que entre diez familias, que sobrevivían diariamente a los paramilitares, armaron una granja en común sobre unos terrenos de la Gobernación. Una finquita en la que sembraron hortalizas, criaron gallinas, dispusieron cultivos de plátano y de yuca. De allí se beneficiaban todos, organizados como asociación.

Se apodaron Asociación Granita y resistieron las disputas de las Farc, el Eln y los otros grupos armados. ¿Cómo? Luchando con la tierra. Resolviendo problemas de riego, de propiedad del terreno donde trabajaban, ocupándose de labrar. Así fue como, descontando el conflicto armado, el mayor problema que padecían eran abejas.

Unos las envenenaban mientras que otros les prendían fuego. La situación era tan descontrolada que, como ya lo habían hecho en el pasado, se reunieron a pensar una solución. “Sabíamos que ellas polinizaban nuestros cultivos y gracias a ello nos ahorrábamos químicos, pero las veíamos como un peligro”, cuenta Sucre, quien a sus 57 años se declara una enamorada de estos animales.

Su amor nació de estudiarlas. Ella, como representante de Granita, se tomó la tarea de observarlas volar por la finca. Detalló sus formas de vida, sus tamaños y la unidad que tienen para trabajar. Luego, tras analizarlas, fue probando las mieles que hacían y entendiendo que la apicultura podía ser el negocio.

Los otros miembros de la asociación atendieron su idea. Pusieron una decena de colmenas en sus pedazos de tierra y se dieron el lujo de soñar. En esa búsqueda tocaron las puertas de la agencia que promociona el desarrollo en la región (Aprodel). Gracias a ellos formularon el proyecto: se convertirían en productores nacionales de miel para el próximo año, aseguran. Claro está, confía Stella, “sin factores externos que nos vayan a atropellar”.

Asimismo, continúan trabajando sus otros cultivos. Porque las abejas, que los hicieron fuertes, hoy robustecen las líneas económicas de la granja. Los otros productos siguen pidiendo atención y fuerza y devolviendo calidad de vida. Esto seguirá pasando porque, para ella, mientras haya trabajo habrá juventud.

El queso de Tame para Colombia

Ferley Ospina decidió volver a Tame. Nació en ese municipio de Arauca hace 47 años, en una finca que todavía lo abraza a su infancia. Allá regresó después de graduarse de la universidad. ¿La razón? Por querer colaborar, para demostrarles a los muchachos que se puede ser profesional en la región.

Lo logró. Hoy, este hombre es uno de los gestores de lo que ocurre en Caserío de Flor Amarillo. Una extensión de tierra ubicada en la vereda Guavia, donde funciona una planta para transformar en queso la leche que producen 45 campesinos del municipio. Esa planta fue el impulso que necesitaban. “Porque en la región no había quién comprara la leche”, cuenta Ospina. De ahí que todos, bajo el nombre de Asociación Aprocolpa, empezaran a trabajar juntos.

Son un equipo compuesto por productores de antaño, víctimas del conflicto armado que regresaron a sus tierras y emprendedores decididos por el proyecto. De manera que entre todos gestionaron recursos. El más fuerte provino de Aprodel, agencia de desarrollo que funciona en Tame. Estos, con el apoyo de la red nacional de agencias (Red Adelco) y el aporte económico de la Unión Europea, brindaron lo necesario para que estos productores y comercializadores de lácteos reciban un salario mínimo mensual.

Esa garantía se debe a que la asociación vende a un precio promedio. Ese beneficio es inigualable: tienen la certeza de que cada tanto el queso doble crema producido en la paila de leche será vendido y que la producción no se estanque esperando un comprador, como solía suceder antes. Y que, además, el mercado no sea injusto con ninguno.

En ese sentido, todo son esperanzas. Ospina espera que para el próximo año el sueldo se les duplique, que cada uno disfrute de mejores praderas y que sus quesos, hechos en Tame, sean un producto nacional.

 

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Categorias: Noticias CET

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