El nuevo amanecer de Cajibío, Cauca

Hernando Golondrino encabezó la primera recuperación de tierras que hubo en este municipio. Un total de 141 hectáreas cruzadas por bosque y aves. Esa riqueza natural sembró en este líder una nueva lucha: ser una joya del ecoturismo en el país.

Después de medio siglo de lucha por su territorio, Hernando Golondrino ha ideado un proyecto de ecoturismo para la vereda La Viuda y el resto del municipio. Fotos: Cristian Amaya – El Espectador

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La estatua de la Virgen del Carmen fue lo único que sobrevivió de la escuelita de La Viuda. Los 20 metros cuadrados que servían de salón de clase para los niños de esa vereda en Cajibío (Cauca) quedaron reducidos a escombros tras el terremoto de 1983. Un sacudón de magnitud 5,5 en la escala de Richter que destruyó la única propiedad de los campesinos de la región, donde sus hijos completaban la primaria. La habían comprado por $200. El resto de tierras era de un hombre solitario llamado Jacinto Mosquera, propietario de 141 hectáreas ocupadas con algunas vacas enfermas y sembrados abandonados.

Él mismo se negó a ceder una de esas hectáreas cuando llegó la ayuda humanitaria para construir un colegio encima de las ruinas, utilizando otro poco de terreno. Su mezquindad detonó una década de pleitos, porque desde ese día, 66 familias campesinas lideradas por Hernando Golondrino se empeñaron en apropiarse de una tierra que, “si no era de Dios, no era de nadie”, protestaban.

Eso hizo que el apellido Golondrino se hiciera famoso en el suroccidente de Colombia. Sus hermanos y él emprendieron una lucha entrenada por el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC) bajo la idea de trabajar y pelear. En el día realizaban labores encomendadas por el terrateniente, como arrancar helechos o sembrar pastos a cambio de seis pesos. En la noche se reunían en asambleas para planear cuándo invadir el predio, cómo defenderse y qué contestar en caso de ser detenidos por la policía.

Cargaban piedras y garrotes por si los atacaban y una mochila con el almuerzo para que la fuerza pública no los agarrara desprevenidos comiendo en un restaurante del pueblo.

Son incontables las noches en que Golondrino, su esposa Flor de María y los cuatro hijos de ambos durmieron en cambuches viejos que armaban y desarmaban dentro del monte. Se desvelaban por miedo a toparse con un adversario o una culebra. Era lo más prudente que podían hacer: estaban dirigiendo la primera recuperación de tierras que hubo en este municipio, ubicado a media hora de Popayán.

Se adueñaron de ellas por completo en 1992, después de conquistar cada hectárea con sigilo, resistir violentos desalojos y continuar en pie tras la muerte de dos compañeros. En la vía Panamericana, junto a otros movimientos campesinos e indígenas que estaban en la misma tónica, velaron ambos cadáveres. Fue ahí cuando el Estado empezó a conversar sobre el título oficial de esas tierras.

Hernando Golondrino ha vivido toda su vida en esta región. Tiene 66 años. /Flor de María, esposa de Golondrino, será la encargada de cocinarles a los turistas.

A cuidar lo nuestro

No satisfecho, Hernando Golondrino continuó su trabajo como líder de La Viuda. Intentó ser alcalde de Cajibío, pero una diferencia de 1.446 votos frustró su posesión. Esa fue la época, a comienzos del 2000, en que las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) arribaron con crudeza al departamento. No tuvo otra opción que preservar su vida en el silencio.

Las masacres perpetradas en este municipio durante 2001 cobraron un total de diez muertos, según registros del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur). Así que, recluidos en sus tierras, “optamos por cuidar lo nuestro y por primera vez hablamos de territorio”, cuenta Golondrino, quien sembró durante ese tiempo un nuevo proyecto: construir un plan de desarrollo local.

Ya tenía algunas certezas. Su comunidad coincidía en cultivar café, disponer pastizales para ganado, producir caña panelera y guardar siete hectáreas de bosque con el fin de revivir la biodiversidad. Pero hacía falta algo más.

La respuesta la encontró a los 55 años, mientras recorría el municipio con un equipo de grabación. La idea era –así se la había vendido al alcalde para la financiación– registrar en video las tradiciones de la región contadas por los ancianos.

Bajo esa excusa, Golondrino diseñó un mapa que los llevaría por todo el municipio a través de senderos recónditos que iban desde los charcos naturales del río Cofre hasta las caídas de agua en la Chorrera El Duende. Durante cada trayecto, la diversidad de aves los hizo frenar el paso y grabar. El potencial turístico de Cajibío era innegable.

No hizo falta otro argumento para convencer a 15 familias de La Viuda de organizarse como asociación. Las hectáreas de bosque fueron la excusa perfecta para proteger estos paisajes y contar con una reserva privada, llamada Nuevo Amanecer.

Esa es la oferta turística que desde hace un par de años vienen empujando, gracias al apoyo económico del Banco Mundo Mujer y otras convocatorias del Gobierno. Una ayuda a la que acaba de sumarse la Unión Europea con su programa CET, operado en el país a través de la Red Nacional de Agencias de Desarrollo Local de Colombia (Red Adelco).

Esos aportes, técnicos y materiales, extienden la ilusión de Golondrino. Porque, en sus palabras, “es difícil luchar con la gente toda para llegar a un solo ideal. Pero ya tenemos la primera reserva desde la vía Panamericana, un restaurante para recibir a los turistas, una ruta para que la gente se tire río abajo sobre neumáticos y tierra. El territorio por el que alguna vez peleamos”.

 

Siete hectáreas de bosque componen la reserva natural Nuevo Amanecer. / La biodiversidad de la región es innegable. En aves, por ejemplo, el número de especies rodea las 113.

Una nueva oportunidad para La Viuda

La oferta turística de Hernando Golondrino y los campesinos de la vereda La Viuda fue escogida por la Agencia de Desarrollo Económico Local (ADEL) Casa del Agua, después de analizar otras propuestas con potencial turístico en otros municipios, como Puracé, Silvia, Cajibío y Popayán. Entre ellos fue seleccionada la Reserva Nuevo Amanecer para formular el proyecto de desarrollo productivo: fortalecimiento de la ruta competitiva de turismo, que cuenta con aliados como la Gobernación de Cauca, la Universidad de Cauca, Procasur y Tandem. Este es uno de los 13 proyectos que financia el Programa Competitividad Territorial (CET) en nueve departamentos del país.

Este Programa, enmarcado en una subvención otorgada por la Unión Europea e implementado a través de la Red Nacional de Agencias de Desarrollo Local de Colombia (Red Adelco) y el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo de Colombia, busca brindar aportes técnicos para incrementar la Competitividad del Clúster de Servicios Turísticos seleccionados en Cauca.

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